Un Duelo

 

Un cielo crepuscular,

Un aire que manso juega

Y un gran barco que navega

Imponente en alta mar…

 

Escuchad con atención

Que están diciendo algo grave

Los mejores que en la nave

Forman la tripulación.

 

_ ¡Un duelo!_ grita violento

Un joven _ es una ley

Que al flechero con el rey

Iguala en cualquier momento.

 

Es la prueba del valor,

La justa de la lealtad,

Crisol de la dignidad

Y el espejo del honor…

 

¿Qué opináis? _ preguntó ufano

El capitán a un discreto

Viajero de todo respeto

De barba y cabello cano…

 

_Yo… respondió sin alarde

Del duelo soy enemigo.

Y añade el joven amigo,

_ ¡Porque series un cobarde!

 

El anciano sonrió,

Y sin tardar se compuso.

_Puede ser muy bien _repuso _

Sabéis mucho más que yo…

 

Pero un joven tan valiente

Que viaja en mar borragoza

Con una hechicera esposa

Y una chiquilla inocente

 

Se debiera refrenar

Mostrando sus opiniones

Porque hay ciertas expresiones

Que se deben castigar.

 

_Yo sostengo cuerda o loca

Con suerte o sin esperanza

Cada palabra que lanza

Mi corazón por mi boca.

 

Y no es jactancioso alarde;

Os lo digo sin recelo,

Quien odia o rechaza el duelo

Es a mi juicio, un cobarde.

 

El anciano sin hablar

A ofensa tan insolente

Dijo respecto al valiente,

_Capitán, voime a explicar.

 

Haciendo en la vida exapio

De duelos he deducido

Que más que el amor herido

Lo resuelve el amor propio.

 

El batirse es brava acción

Pero en llegando a admirarla

Nos impide a cumplirla

El nombre y la educación.

 

Y el que sereno camina

Y sufre la grave afrenta

Y las vence y la domina

Sin hacer de grave gala

Y sin que su arrojo asombre,

Hace más que frente a un hombre

Cambiando activo una bala.

 

_ ¡Brava razón! ¡Buen hablar!

Exclamó el mozo mohíno,

Y siguieron su camino

Navegando en alta mar.

 

Lento corre día tras día

El buque en marcha violenta

Lo sorprende una tormenta

En la noche más sombría.

 

No da tiempo a abandonar

La cubierta a los que estaban

En ella y que no esperaban

Una mudanza de mar.

 

El mozo y su compañera

Bañados rostros y ropas

Se refugian en la popa

Con una niña hechicera.

 

Gira el barco, pierde el tino,

La niña resbala, cae, rueda,

El abismo la atrae

Y le abre la mar camino.

 

Rompe la madre a gritar

Cual loca desesperada;

El mozo no puede hacer nada

Porque no sabe nadar.

 

En tanto salta liviano

Un hombre sobre las olas,

Estaba sentado a solas

En la borda, era el anciano

 

Que lanzando un grito fiero

Que resonó en la extensión

Dijo: “¡Echad sin dilación

Una boya, marinero!”

 

Rompiendo el cendal de brumas

Que la noche extendió espesa

Logró al fin hacer su presa

Entre montañas de espuma.

 

Y cuando al barco tornó

Con la niña entre sus brazos

Después de romper los lazos

Que el abismo le tendió,

 

El joven ante el anciano

De rodilla agradecido

Le ruega enternecido

Conciente besar su mano.

 

_ ¿Qué queréis que yo os exija?_

Dijo el Viejo _ ¡Ganó el cielo!

El mar me propuso un duelo

Disputando a vuestra hija.

 

Tuve el duelo que aceptar

Y ya lo veis, he vencido,

Por vuestra hija me he batido

Arrancándosela al mar.

 

Sigamos en paz los dos

Que yo tan solo acepto un duelo

Sin más testigo que el cielo

Y sin más padrino que Dios.