Tradición

Cuenta una leyenda popular que supo haber una vez un cuartel militar en un pueblito de España cuyo nombre no recuerdo, y en el medio del patio de ese cuartel supo haber... un banquito.
Había un banquito, sencillo, humilde y blanco.
Y junto a ese banquito un soldado hacía guardia. Un soldado hacia guardia noche y día.
Nadie sabía porqué se hacía la guardia del banquito, pero hacer se hacía.
La guardia se hacía noche y día, todas las noches, todos los días, y, de generación en generación, todos los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían.
Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó: la tradición es algo sagrado que no se cuestiona ni se ataca: se acata.
Si así se hacía y siempre se había hecho, por algo sería.
Sí. Así se hacía, siempre se había hecho y así se haría.
Y así siguió siendo hasta que alguien, no se sabe bien qué general o coronel curioso, quiso ver la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar se supo.

Hacía 31 años, 2 meses y cuatro días un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.