RIMAS

III
Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;

la tierra se estremece alborozada.

 

Oigo, flotando en olas de armonía,
rumor de besos y batir de alas;
mis parpados se cierran... ¿Que sucede?
¡Es el amor que pasa!

 

IV
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
del arpa de oro,
beso del aura, onda de luz;
eso eres tu.

 

Ti, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte, te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul.

 

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del tronco viento,
ansia perpetua de algo mejor;
eso soy yo.

 

¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
los ojos vuelvo, de noche y día,
yo, que incansable corro y demente,
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

 

XVII
Besa el agua que gime blandamente
las leves olas que jugando riza;
el sol besa la nube de occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar otra llama se desliza,
y hasta el sauce inclinándose a su peso,
al río que lo besa, vuelve un beso.

 

_Gustavo Adolfo Bécquer