RENOVACION

 

"venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Mt. 11:28

 

Estimado lector:

¡Cuánta verdad encierran estas palabras de nuestro Señor Jesús! Lo sé porque lo estoy experimentando en mi propia vida desde que retorné a Jesús con todas mis cargas, y El las descargó de mis hombros dándome una paz verdadera que sólo El puede dar.

Nací en la Iglesia y fui educada por padres  amorosos y muy fieles a Dios. A la edad de 16 años Dios tocó mi corazón con un quebrantamiento tal que tuve que buscarle en oración hasta que El me bendijo con el Don de Su Espíritu Santo.

El gozo de su bendición fue algo hermoso en mi vida por un buen tiempo. Sentía su gracia en el don de la predicación, y su toque al declamar en los cultos de adoración.

Mas, poco a poco fui dejando mi primer amor. El Señor comenzó a ser para mí un  recurso de emergencia, y terminó siendo un pañuelo de bolsillo, que solo se utiliza para enjugar el sudor o las lágrimas.

Olvidé que la necesidad del alma es estar en continua comunicación con Su Hacedor.  Que el Señor no es un recurso nuestro para acudir a él solamente en momentos de necesidad: el Señor debe ser el centro de nuestra vida, nuestra continua delicia, el ser primero y principal a quien dedicamos cada día de nuestra existencia.

Grande error es este el de distanciarse de Aquel que nos lo ha dado todo, ¡hasta su propia vida! en rescate por la nuestra.

Mis días pasaban veloces, todos iguales, monótonos, sin alegría. No había nada que me hiciera sentir plena satisfacción. Me preguntaba angustiada cuál sería el motivo de tanta tristeza: Tenía un hogar agradable, una familia hermosa y saludable, todas nuestras necesidades suplidas; pero me sentía tan desdichada...!

El enemigo comenzó a atacarme con un arma con la cual ha herido y destruido a muchos cristianos: El prejuicio, la incomodidad entre los hermanos de la fe.

Mucho trabajo me costaba reunirme con los hermanos en la iglesia. Muchas veces lloraba indignada por los yerros de mis hermanos cristianos. No comprendía que TODOS somos hijos del Padre Celestial, y que El nos mira y ama a todos por igual aunque algunos no sean tan fieles.

Mi alma se fue secando poco a poco como una planta sin agua. Muchas veces oré buscando el consuelo divino, pero algo me decía en mi corazón que una vida egoísta y poco devocional no puede ser respaldada por el Espíritu Santo. Que para que Dios more en nosotros debe haber una constante búsqueda de su aprobación en oración y alabanza.

Después de sentir que por mí misma no podría renovar las fuerzas espirituales, decidía buscarlas por medio de los cultos de oración en espera del Espíritu Santo.

Al tomar esta decisión, el Señor comenzó una hermosa obra en mí. Mi corazón se quebrantaba con cada alabanza, con cada amonestación. Por último envió a sus siervos los Obispos Joel Mondejar y Cecilio García los cuales no habían hecho planes para pasar un sábado con nosotros en Philadelphia, y Dios puso en su corazón el quedarse y, más aun, celebrar cultos de oración en la promesa del Espíritu Santo.

Esa noche del viernes mi cuerpo temblaba al orar en la madrugada en ayuno y angustia pidiéndole al Señor que usara de su misericordia para conmigo y me consolara y me diera de nuevo paz y gozo, pues no podía continuar viviendo con tanta tristeza.

El Señor contestó a mi oración con unos versos en Isaías 66:9-14. (Léanlo, por favor.)

Lloré de agradecimiento en su presencia, y mi corazón fue confortado y lleno de fe y fortaleza para enfrentar la hora amarga de humillación que tenía ante mí.

Al amanecer desperté sintiendo ya gozo en mi corazón al recordar que iba a encontrarme con el Señor en oración. Yo misma me asombré de este gozo, pues pensaba que aun estaría atemorizada por la vergüenza; pero el Señor me hizo sentir que estábamos solamente El y yo para recibirme, como el padre salió  a encontrar al hijo pródigo a mitad del camino, pues conocía la necesidad de perdón que traía aquel hijo.

El me bendijo en aquella dulce mañana, y al sentir su perdón y bendición yo reía en voz alta y le alababa; y al reír me veía a mí misma como una niña pequeña e ingenua en el regazo de su padre sintiendo una paz y un gozo tan completo que me es imposible describir.  El mensaje dice así:

La dañina soberbia se vence y se elimina únicamente con la fuerza de Mi Espíritu. Te lo he vuelto a dar para hacerte poderosa de manera que nadie pueda arrebatarte de mi mano. Tu más grande victoria será vencerte a ti misma. Tu testimonio ayudará a muchos. Alábame siempre y serás dichosa. Amen!

 

¡GLORIA A DIOS! !Cuánto había necesitado yo sentir aquella plenitud de gozo! Hasta mi rostro adquirió cierto fulgor y benignidad que llenó de regocijo a los hermanos congregados.

Antes yo estaba  llena de preocupaciones por el futuro incierto. Ahora solo siento una confianza plena en Aquel que cuida aun de los pequeños gorrioncillos, ¡mucho mas cuida de mí, que soy su sierva!

 

Amado lector, no puedo negar que aun después de esta renovación he sentido cierta tristeza al reconocer que nunca debí descuidar mi devoción hacia Dios. Pero El  ha borrado esta nostalgia con su nuevo perdón y amor constante.

Quiero que sepas que no importa la situación por la que estés pasando; el Señor está  mirando aun el camino por donde un día te alejaste, y al ver acercarse tu silueta en lontananza, irá a encontrarte para ofrecerte el perdón y consuelo que necesitas.

 

¡Pon un especial esmero en mantener la devoción espiritual basada en la oración ferviente en tu cámara secreta, el ayuno, el fervor en los servicios privados o públicos de adoración.

El descuidarse en estas áreas motiva el comienzo del alejamiento de Dios. No es un alejamiento súbito, sino paulatino, que es casi imposible de detectar. Como el navegante inexperto que, queriendo guiarse no por las herramientas de navegación sino por su propio instinto, en medio del océano, no siente que se aleja: mira las aguas, y solo ve su rítmico y monótono movimiento que no le permite calcular cuánto se ha alejado de la costa. Solo al ser rescatado se da cuenta, con gran asombro, de lo mucho que se alejó de la ruta en su deriva.

Tal vez tú, al igual que Job y Pedro, has sido pedido por Satanás para 'zarandearos como a trigo' (Jb 1:8-12 y Lc 22:31y32). Si has podido resistir como Job, es algo loable; pero si  te has alejado por un tiempo como Pedro, no pienses que por eso eres menos precioso a los ojos del Padre Celestial;  lo importante es que reconozcas Su grandeza y tu necesidad de renovar tu compromiso con El.

Si ya no experimentas el mismo gozo que experimentabas antes; si ves que por mas que oras y ayunas tu alma no siente la completa aprobación de Dios; si al acordarte de tu Padre Celestial sientes pena y remordimiento por el deber incumplido; Si mas aun has ofendido a la Divinidad con palabras o acciones que niegan al Señor Jesús (Mt 26:74), ve y allégate a El, hermano mío,  pues NO ES DERROTA CAER, SINO PERMANECER CAIDO.

No es de sabios remedar una vida feliz. Dios conoce los corazones y de El nadie puede ocultarse. Puede llegar un momento en que hasta los hombres noten el vacío de tu corazón. Los ojos son el espejo del alma, y el rostro se demuda cuando no tenemos la paz de Jesucristo en nuestra vida.

Si supieras cuánto más fácil es la vida cuando se está a bien con Dios! Nada te hace salir de tus cabales, puedes soportar cualquier cosa. Por eso es que las palabras de Jesús son Verdad y Vida: La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. Jn. 14:27

El diablo es un mentiroso; mas aun, es el padre de la mentira. El hace al alma débil creer que todo anda terriblemente mal a su alrededor cuando es ella la que esta mal. El llena, al que se descuida en la devoción, de prejuicios en contra de todo y de todos. Así le va llenando de amargura y recelo y le aleja poco a poco de Dios hasta que le hace perder el gozo del Espíritu Santo el cual necesita estar en continua comunión con el Padre Celestial para poder permanecer en el hombre.

Muchas almas no reconocen a tiempo el peligro de los engaños de Satanás y van añadiendo poco a poco pequeños pecados hasta llegar a pecados mayores. Y junto al pecado Satanás introduce la dureza de corazón y el orgullo, una combinación perfecta para hacer casi imposible el regreso al Padre Celestial.

Por eso, amado hermano, si sientes que necesitas una nueva unción del Espíritu Santo, no sigas escuchando las mentiras del enemigo de las almas. Tal vez él te hará pensar que tu humillación y búsqueda del perdón de Dios será en vano, pues le has ofendido mucho. Esta es una de sus grandes mentiras: recuerda que más presto está el Señor a dar que nosotros a recibir…  y Mt.7:11

Satanás tratará por todos los medios de hacerte sentir que no puedes ser avergonzado delante de los hermanos en la fe, pues pensarán mal de ti, y tu reputación quedará destruida. Desecha esos pensamientos que son solo un intento desesperado de Satán para hacerte permanecer sin la bendición de Dios.

De una cosa puedes estar seguro: cuando te entregues a buscar a Dios en arrepentimiento verás que todas estas ideas negativas han sido solo un engaño de Satán, y lo comprobarás al mirar el regocijo de la hermandad por tu bendición.

Puede suceder que tu hermano mayor, que permaneció fiel en el redil, te mire al principio con desconfianza. Tal vez llegue a protestar al ver el cariño con que eres recibido. No dejes que esto te turbe, Ya el Padre se encargará de hablarle sabiamente. Mira fijo el rostro del Padre, de El vendrá la Palabra Sanadora de Bienvenida.

Todos los pensamientos de desaliento y fatalidad que pasan por tu mente son solo una niebla que él pone para que no veas a tu Padre Celestial oteando el horizonte en espera tuya; en la mano un anillo de compromiso de amor filial hacia tí; bestido y calzado nuevo para reemplazar los andrajos que te han quedado en tu andar lejos de El.

Entonces te darás cuenta lo fácil que es darle la cara al Padre, lo mucho que necesitabas su perdón y compañía. Y no sentirás ya vergüenza alguna porque esta será reemplazada por una gran satisfacción y paz que solo el Espíritu de Dios puede dar al hombre.

 

Dios te bendiga siempre, y oremos los unos por los otros.

 

Tu hermana en Cristo,

 

Pa. Danny Fernández

 

PD: Confirmación de Dios a este escrito: Isaías 59:21 y 60:1  (¡Esta promesa es también para ti! ¡aprovéchala!)