Poema a la madre

 

Yo fui medio consentido

Por ser el hijo menor,

Y ya mi hermano el mayor

Me llamaba: “El preferido”.

Razones habrá tenido

Que cuando me perseguía

Detrás de ella me ponía

Y ya estaba protegido.

Si mi padre me mandaba

A la cama sin cenar,

La veía aparecer

Haciéndose la enojada,

Y a escondidas me pasaba

La parte mía en un plato,

“Y a la próxima !te mato!”

me decía, y lagrimeaba.

 

Aquel delantal mojado

De lavar en la pileta

Que retorcía inquieta

Porque alguno había avisado

Que su hijo había peleado

Con otro chico en la esquina,

Y al rato yo aparecía

Con un ojo amoratado.

Me acuerdo lo que sintió

La vez del pantalón largo;

Fue un momento muy amargo:

Me miraba, me tocó,

Decía: “¡Cómo creció!

Y ayer lo hacía dormir”.

Y al quererse sonreír,

El llanto la traicionó.

 

Igual que muchos creí

Que sabía demasiado;

Por unos labios pintados

Del lado de ella me fui.

Y aquel día en que volví

Arruinado y amargado,

En vez de dejarme a un lado

Se puso a rezar por mí.

¡Cómo castiga la vida!

¡Cómo traiciona la gente!

¡Cómo se dobla la frente

por un plato de comida…!

No hay uno que no te pida

Su parte por un favor;

Y se calcula el valor

Que pueda tener tu herida.

 

Sólo ella…, ella comprende

El dolor de tu mirada,

Porque su vista cansada

Desde niño nos entiende.

Sólo ella te defiende

Porque eres su misma sangre

Y solo te da una madre

La amistad que no se vende.

Yo quería hacerle versos

Como ella los merecía;

¡Los empecé tantas veces!

Y no salgo del comienzo;

Es que a una madre, yo pienso,

¡qué se le puede escribir!

Solo se puede decir

En la ternura de un beso.