"Jimmy, llévalo arriba, por favor", dijo, entregándosele a su asistente, Jimmy Price. De pronto se escuchó que algo se rompía y al volverse, Edison vio su preciado foco hecho trizas en el suelo. ¡A Jimmy se le había resbalado de los dedos"
Edison no dijo palabra, pero es de imaginarse lo que pensaría. Regresó a su mesa de trabajo y se puso a hacer otro foco. Pasaron varios días hasta que por fin estuvo listo el segundo foco. Allí estaba sobre la mesa frente a su inventor, totalmente terminado.
Entonces Edison hizo algo muy importante en señal de que
había perdonado a su aprendiz por haber roto su primer foco. Con una sonrisa,
le entregó el foco a Jimmy.
"Ten cuidado", le dijo. Le dio al muchacho otra oportunidad. Jimmy no
rompió aquel foco, y así es que ahora tenemos miles de millones de ellos en el
mundo.