Cristo en las prisiones comunistas

Segunda parte

10

En Tirgul-Ocna había un flujo constante de recién llegados que nos mantenían informados de cuanto ocurría en el exterior. A juzgar por las noticias, parecía que aún hallándonos en prisión no estábamos peor que los trabajadores y campesinos "libres". Los salarios nunca habían sido tan bajos. Había sido proclamada la jornada de ocho horas de trabajo, pero era muy corriente tener que trabajar doce horas antes de completar la "norma" individual, aparte del trabajo "voluntario" y las conferencias marxistas, que no dejaban tiempo libre a la vida de la familia. En todo caso, cada apartamento estaba habitado por dos o más familias.

Las huelgas se consideraban ilegales. Uno que acababa de llegar, un entusiasta ex sindicalista llamado Boris Matei me dijo:
_Hace cuarenta años me encarcelaron por luchar por la jornada de ocho horas, y ahora que existe un gobierno comunista estoy trabajando catorce horas en la prisión.

Su delito había sido escribir una carta anónima al camarada Gheorghiu-Dej, el jefe del Partido, protestando en nombre de sus compañeros contra la severidad de sus condiciones y afirmando que en cualquier nación capitalista hubiera tenido derecho a recibir un salario digno de su labor. La policía secreta vino a su depósito de material rodante y tomó muestra de la letra de 10.000 obreros. Tras semanas de investigación, Boris fue acusado de fomentar una huelga, y le echaron quince años por intento de sabotaje.

Seguía inconmovible en cuanto a su credo marxista. No simpatizaba con los disidentes que estaban con él en la prisión: masones, rotarios, teosofistas, espiritualistas; ni con los poetas y novelistas encerrados por su enfoque independiente, los cuales eran citados por turno a las oficinas del Partido para recibir órdenes y aconsejarles que dejaran de perseguir el fuego fatuo de la verdad objetiva.

Boris alegaba que Lenin había enseñado en sus libros la importancia de hallar en la vida un punto de vista y adherirse a él.

_¿La línea del Partido? _comenté_. ¡Pero si esta doctrina invierte todos los conceptos filosóficos! Si miro la celda desde mi cama, sólo veo la ventana. Si miro desde donde están ustedes sentados, veo la puerta. Si miro el piso, la habitación no tiene techo. Cada punto de vista es en realidad un punto de ceguera, ya que lo incapacita a uno totalmente de ver otros puntos de vista. Únicamente cuando abandonamos "todos los puntos de vistas" y aceptamos nuestra intuición del conjunto, encontramos la verdad. San Pablo dice: "El amor lo cree todo" no solamente el credo de este grupo o de aquel.

Esta conversación sobre religión incomodó a Boris.

_¡No hay Dios, ni alma! Sólo existe la materia. ¡Lo desafío a que me pruebe lo contrario!

Insinué que había sacado sus argumentos de un texto comunista en el cual yo había leído la siguiente definición de un beso: "El beso es el acercamiento de dos pares de labios, con transmisión recíproca de microbios y anhídrido carbónico".

_El amor, la ansiedad o la falsedad del beso no tienen lugar en tu filosofía. Tal empobrecimiento de los valores espirituales afecta el lado material de la vida, que tú consideras de suprema importancia, pues les saca el kilo a los trabajadores, tanto que la pésima calidad de las mercancías procedentes de los países comunistas es un objeto de burla.

_Conozco el dicho, de que el sábado se hizo para el hombre y no el al revez _dijo Boris_, pero todos existimos para beneficio del Estado. La pérdida de la libertad individual y la propiedad privada son pasos hacia en camino hacia la libertad mundial.

Se me ocurrió que incluso un perro pelea si alguien tratara de quitarle su hueso, pero si una sentencia de quince años no había curado a Boris de sus ilusiones, era imposible que la discusión lo lograra. Aparte de que bien podía ser una de las últimas cosechas de delatores.

La delación se había propagado como una enfermedad. Uno podía ser denunciado por hablar de Dios u orar en alta voz; incluso por aprender o enseñar una lengua extranjera. A menudo el hombre que le señalaba con el dedo podría ser su amigo, dentro o fuera de la prisión, su hijo, padre o esposo. La presión para delatar era de una cruel intensidad. En efecto, el delator era posiblemente una amenaza peor para los hombres "libres" que para quienes ya gozábamos de mayor libertad de expresión que en ningún otro lugar de Rumania, puesto que ninguno de nosotros iba a vivir.

 

11

Era el aniversario de "Los diez días que estremecieron al mundo" _la revolución rusa de 1917, y el profesor Popp la conmemoró con una anécdota.

_Era el primer aniversario del triunfo del bolchevismo _dijo_; los nuevos dirigentes celebraron una cacería en las afueras de Moscú. Más tarde, descansando al fuego, Lenin preguntó:

_Díganme camaradas, ¿qué es lo que ustedes consideran el mayor placer en la vida?

_La guerra. _dijo Trotsky.

_Las mujeres. _dijo Zinoviev.

_La oratoria, el poder de mantener en atención un vasto público. _dijo Kamanev.

Stalin, como siempre, se mostró taciturno, pero Lenin insistió.

_Dinos tu preferencia.

Por fin, Stalin reveló:

_Ninguno de ustedes sabe lo que es el verdadero placer. Yo se lo diré. Consiste en odiar a alguien y simular durante años que uno es su mejor amigo, hasta el día en que apoye la cabeza confiadamente en su pecho, y entonces clavarle el puñal en la espalda. ¡No hay en el mundo un placer mayor!

Hubo un largo silencio. Ya por entonces sabíamos bastante de la implacabilidad de Stalin. El resto, conocido después de su muerte a través del relato de sus propios compañeros, probó la veracidad de este incidente escalofriante.