Rodolfo 

Loyola

SERMONES

Excelente declamador

Uno de mis mejores maestros en el arte de expresar el pensamiento de los poetas y los sentimientos elevados.

_D. S. R.

 

 

 

PERO SI TU


Es poca el ansia de vivir que siento,
pero si Tú me dices vive: Viviré.
Es poco el celo de escalar que aliento,
pero si Tú me dices sube: Subiré.
Es mucho el miedo de sufrir que tengo,
pero si Tú me dices sufre: Sufriré.
Me acosa el hambre de saber lo eterno,
pero si Tú me enseñas, yo me saciaré.

 

TODO NO SE HA PERDIDO


Aunque el furor de las olas
agiten la pobre barca,
y los remos ya no alcancen
surcar con impulso el agua,
aunque la playa se aleje
y no se vislumbre un nauta,
y esté llegando la noche
a lluvia y viento abrazada...

¡Ni un solo grito lancemos,
por Dios, no digamos nada,
que todo no se ha perdido
si nos queda la esperanza!

Si acosados por los hombres
que sirven a la ignorancia,
no escuchan nuestras verdades,
y burlan nuestras plegarias;
si de escasez y dolores
se ha llenado nuestra casa,
y vemos ya que los lobos
se ensañan con la manada...

Y aún si al borde del abismo
la muerte implacable llama...

¡Ni un solo grito lancemos,
por Dios, no digamos nada,
que todo no se ha perdido
si nos queda la esperanza!.

 

PELDAÑO

 

¡Oh, muerte, tú no inquietas

con tu aguijón sombrío

al que lleva su alma

del ideal en alto.

 

Tú eres tortura y pánico;

enigma indescifrable

para el que solo espera

lo terrenal y vano.

 

Pero para los otros,

los de eterna esperanza,

los de ambición hermosa,

 

no eres mas que un peldaño

inevitable y útil

para escalar la gloria.

 

 

OJOS

Ojos profundos, enmarcados
por la belleza madura de tu ser,
reflejan cual obscuros luceros acendrados,
un bosque ignoto que invita a recorrer.

Ojos que encadenan delicadamente
al palpitante corazón mirado;
desde el intenso fuego refulgente
nace un profundo suspiro, acompasado.

Ojos velados por una lágrima doliente,
nacida del amargo venero del dolor,
es transformada suavemente
por la alegre dulzura de tu amor.

Ojos que abrazan,
brasas que incendian,
llamas que inflaman,
flamas que alumbran.

Ojos de mar.
Ojos de fuego.
Ojos de bosque.
Ojos de amor.

 

¡ASÍ QUISIERA AMARTE!

 

¡Así quisiera amarte!

con la misma pasión de los amantes

que por primera vez se besan.

¡Así quisiera amarte!

Despojado de toda mi bajeza;

que me broten del alma, como a un niño,

las palabras bañadas de inocencia.

¡Así quisiera amarte!

En la lucha titánica y tremenda

por arrancar del corazón humano

el odio, el egoísmo y el holocausto inútil de la guerra.

¡Así quisiera amarte!

en el camino ascendente donde tantos te dejan

en el afán de verte convertir en alfombras las piedras.

¡Así quisiera amarte!

como Saulo de Tarso con los pies en cadenas

y esperando de Nerón la bárbara sentencia.

¡Así quisiera amarte!

como el joven Daniel

a ti sonriendo entre un rugir de fieras

o bendecirte con el último aliento

como el mártir Esteban.

¡Así quisiera amarte!

como el patriarca Abraham con el cuchillo en alto,

dolorido y sin fuerza,

pero dispuesto a hundirlo sobre lo más querido

si tu voz me lo ordena

¡Así quisiera amarte!

en esas diez centellas de tu ley

que matan, que dan vida y atormentan;

hacer de mi cerebro un Sinaí

y de mi alma y corazón

dos tablas que pregonen tu existencia.

¡Así quisiera amarte!

cuando los sabios y filósofos, para negarte,

se llenan de soberbia

y te niegan en el Cristo infinito,

en la materia indestructible,

en la casualidad acaso;

decir yo como Arquímedes: ¡Eureka!

te he encontrado en la vida y en la muerte,

hasta en la inteligencia misma que te niega,

y orgulloso mostrarte palpitante

en cada una de mis células.

¡Así quisiera amarte!

entre montañas de volúmenes

de sugestivos títulos y materias diversas

para rendirle culto a la moral, a la razón, la inteligencia,

y a ti, la causa de las causas, te desechan.

Y al saberme entre tanta aparente abundancia

de comidas espléndidas,

postrarme a tus pies rendido

a esperar las migajas de tu mesa.

¡Así quisiera amarte!

Como Tú me has amado: Sediento, maldecido, con espinas y clavos, diciendo con el precio de la sangre:

¡Te amo, sí, te amo!

¡Así quisiera amarte!

Más, si la fe me falta,

si soy débil y cual Pedro te niego,

vuelve, Señor, inquiéreme:

"¿Me amas?"

y al saberme llorando me dirás como a Pedro:

"Apacienta mi rebaño".

¡¡ASÍ, SEÑOR, ASÍ QUISIERA YO AMARTE!!

 

  El Justo florecerá como la palmera

 

Aquel anciano tenia

algo nuevo en la mirada

como una luz proyectada

desde su interior fluía.

su mirada recorría

desde el crepúsculo rojo

hasta el campo que en su antojo

le daba impulso a su voz:

-Todo es bello cuando es Dios

quien mira por nuestros ojos.

 

Y vi al anciano subir

las montanas del desprecio

le vi aconsejar a un necio

y al ser burlado reír

supe que entre penas mil paso

del orto al ocaso

y se oyó frente al fracaso 

como un profeta su voz:

-Todo es llano cuando es Dios

quien dirige nuestros pasos.

 

Aquel ejemplar anciano,

sencillo, humilde y discreto

llevaba dentro el secreto

de triunfar como cristiano

en el bien no fue tirano,

suya fue la ajena herida

y al ver su causa agredida,

decía sin odio en su voz:

-Todo es bueno cuando es Dios

quien esta por nuestras vidas.

 

Llego el día inevitable

en que el polvo al polvo va

y no hubo serenidad

a la suya comparable.

conciente del inevitable

concierto en que baten palmas

los Ángeles, fue su calma

celestial cuando durmió.

-Todo es vida cuando es Dios

el dueño de nuestras almas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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