LA MUJER CAIDA

 

¡Oh!, no insultéis a la mujer que cae:

no sabemos qué peso la agobió,

y no sabemos cuánto tiempo el hambre

hiciera en vano vacilar su honor.

 

¿Quién no ha visto mujeres extenuadas

asirse largo tiempo a la virtud,

y al viento resistir de la desgracia

y moribundas combatir aún,

cual la gota de agua que en la punta

de una hoja hace el viento estremecer,

y el árbol la sacude, y en la niebla, y lucha,

perla antes de caer, fango después?

 

Empero puede su esplendor primero

esa gota brillante recobrar;

puede salir dejando polvo seco,

que el agua pura en ese fango está.

 

Dejad amar a la mujer caída,

dejad al fango que le de calor,

porque todo en el mundo resucita

con los rayos de amor o los del sol.

 

_Víctor Hugo