ENDECHA DE UN EXILIADO

Testimonio de 60 días pasados en el desierto espiritual, lejos de la comunión y la cobertura de la casa de Dios.
(Marzo - abril de 1991).

"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad" (Lam.3:22,23)

(1)

¡Extraños habitantes penetraron
en la ciudad menuda de mi mente;
y un día desperté desfigurado,
cautivo de millares de sonidos.

Bajé con las tinieblas de la noche,
Crucé sus laberintos espantado,
Y vi cómo la muerte me atrapaba.

Sesenta días de sesenta siglos,
Sedienta y floja el alma perecía.
Filosas garras me atraparon fuerte:
Un cielo negro me tendió su escarcha
Y me envolvió la soledad más grande;
Sesenta días de sesenta siglos,
En medio de un desierto indescriptible.

Repudio aquellos siglos de vacío;
aquellas horas de infeliz soberbia.
--"Señor Jesús, estoy en un presidio,
quemándome los pies en el exilio"--,
grité de horror. Clamé pidiendo auxilio.
¡Extraños visitantes intentaron
borrarme de la casa del Amado!

(2)

¡Abrázame, Jesús, amparo mío;
refugio de mi desnudez sufrida;
desde tu escondedero me doy cuenta,
que mi alma es miserable y desvalida!

¡Levántame, Jesús, de mi bajeza,
quisiera ser tan sólo un jornalero
sentado con los santos a tu Mesa!

¡Atráeme, Jesús, ya estoy volviendo,
con mil magulladuras en mi carne;
quemado vengo huyendo de mi exilio;
buscando aquellos días tan sencillos;
¡Abrázame, Jesús, a ti retorno!

¡No puedo, oh no puedo, ya no puedo,
seguir con esta masa desgarrada,
de andar aglomerando en mi cabeza
el lodo de un camino fracasado!

¡Atráeme, Jesús, te quiero tanto!
Resueltamente a tu verdad me entrego,
¡Abrázame, Jesús, a ti retorno!
¡Del frío he vuelto, al gozo de los santos!

(3)

No puedo ya vivir en las estepas;
No puedo con el lobo de mi alma;
No puedo con las garras asesinas;
No puedo con la sordidez maligna;
No puedo con la injuria vomitada;
No puedo con el áspid venenoso.

¡No puedo un día más en el desierto!
No puedo tolerar mi inútil causa;
No puedo remover las duras piedras;
No puedo con el charco de mi mente;
No puedo con las miasmas de mi carne.

¡Espíritu de Cristo, te suplico:
levántame del limo pantanoso!
¡revierte este momento de amargura;
mi pródigo interior cede terreno!
¡Abrázame, Jesús, a ti retorno!
¡En Cristo, mi Señor, retorno a Casa!