El
valor de la Benignidad
por
E. E. Taylor
¡Se han ido para siempre! ¿Qué cosas? Las oportunidades de ser benignos bajo ciertas circunstancias en nuestra vida pasada, afrontándolas con amor, bondad y con el temor de Dios. Yo tenía un antiguo álbum de fotografías. A veces lo abría y miraba a un rostro amado y después a otro. Algunos ya estaban durmiendo su último sueño; otros ya había mucho que estaban separados de nosotros. Algunos habían pasado de la niñez a la madurez. Todos habían cambiado, y el pensamiento que más me impresionaba era la brevedad del tiempo y la importancia de ser benignos AHORA, reconociendo que "pasamos por esta vida sólo una vez".
Muchos años ha, una joven se paró a la luz de la luna en la portada del hogar de su padre mirando hacia el futuro con gozo, a la vida que quedaba delante de ella. Las reflexiones de aquella hora son tan vívidas hoy como si hubiese sido sólo ayer. Ella dio una mirada retrospectiva a los dieciséis felices años de su vida; al pasar dieciséis años más, pensó, aun no estaría muy vieja pues sólo tendría treinta y dos años. Multiplicando esa edad, aun le faltarían unos cuantos años para llegar a la edad de su querida abuelita que gozaba la paz del hogar con ellos. ¡Oh, los largos, largos sueños de la juventud! ¡Qué lento parecía pasar el tiempo cuando se miraban ciertos placeres anticipados! pero mirando hacia atrás después de haber pasado la marca del medio siglo, ¡qué breve parece ser la vida! La pregunta principal al revisar el pasado y los muchos incidentes conectados con nuestra vida es, ¿fuimos benignos? Algunas veces podemos contestar que "sí", y cuando así es, grande es nuestra satisfacción. Pero se levantan otras escenas en las alas de la memoria que nos perseguirán mientras vivamos, porque fallamos en llegar a la medida de la ley de Dios en cuanto a la benignidad. Ciertas pruebas nos parecían demasiado grandes para soportarlas no sabiendo cuán pronto se acabarían para siempre, fallando así en ser benignos. ¡Que Dios tenga piedad y nos perdone! El nos perdona, pero quiere que aprendamos por esta experiencia del pasado las lecciones de benignidad para el futuro. No podemos traer de nuevo el pasado ni lo podemos revivir por mucho que lo deseemos, pero el presente y el futuro son nuestros en los cuales podemos ser benignos para con aquellos que están todavía con nosotros.
Si pudiéramos ver las cosas en
"la luz del mañana de Dios",
seríamos benignos con más
facilidad.
Si pudieras saber que los deditos
que hoy marcando la ventana están
yertos y fríos mañana estarán no
estorbándote jamás,
¿verían los ojos de tu amado el
disgusto escrito en tu faz?
¿Te enojarán las marcas de sus
dedos tanto como ahora
que no encuentras solaz?
El corazón de muchas madres ha sido conmovido por la ternura y sentimiento de los siguientes versos:
Un pequeñuelo no quería dormir,
la madre suspiró: "¡Qué
trabajo me das!"
Y aun el pequeñuelo no quería
descansar.
Por su pequeñuelo la madre hoy
llora
porque una noche oscura el ángel de
Dios
le besó en la frente y lo llevó a
dormir,
a El el pequeñuelo no le dio pesar.
Pero madres y padres, los pequeñuelos en nuestros brazos no son los únicos que necesitan de nuestro amor y ternura. Está el padre o la madre anciana tal vez hambrientos de una palabra o una mirada de amor. Si quieres ser salvo de los recuerdos que te perseguirán cuando también llegues al final de tu vida _como muy pronto llegarás cuando comiences a descender por la pendiente hacia tu puesta de sol_ ¡sé benigno! Esa querida madre te ama, te mecía como tú meces a los tuyos hoy. En un tiempo el brazo de ella era tu sostén, ahora se apoya sobre el tuyo. Ese padre se siente feliz o triste por tu actitud hacia él más de lo que tú puedes imaginar.
Estarás triste algún día, muy triste, de que un rostro se estremeció como si hubiese recibido un golpe por la palabra áspera que hablaste. ¿Tener tristeza en el mañana? En verdad fuera mejor tener contentamiento sin alguna culpa que espiar o pecado del cual arrepentirse.
También está el esposo o la esposa: ¿ustedes son una prueba uno para el otro? Sólo recuerden que Satanás está apuntando sus cañones mas grandes al hogar _así que, ¡sean benignos! Si Jesús demora su venida, algún día uno o el otro se parará junto al sepulcro abierto deseando las oportunidades que tuvieron para ser benignos, comprendiendo ya muy tarde lo que significaba el uno para el otro.
Hay pies tan familiares que van juntos con los nuestros por las mismas veredas... van lentos o de prisa, pero tratando de dar pasos junto con nosotros. Si flaquean o si pisan alguna flor que hubiésemos querido poner en nuestro pecho, o si lastimasen alguna planta; debemos callar y no ser prontos para culpar, porque ellos, como nosotros, tienen muy poco tiempo en el camino... tenemos que ser pacientes mientras tenemos la oportunidad.
Además de los seres amados en el hogar, está el antiguo o nuevo amigo, o las amistades pasajeras. Todos necesitan de nuestra simpatía y benignidad. ¿Sabes tú que la humanidad está muriendo por falta de un poco de amor? Es verdad, amigos; así es. Entonces decidámonos a esparcir las semillas de benignidad para nuestra cosecha en el más allá.
"La caridad es sufrida, es benigna". 1 Cor. 13:4.
Tomado de la revista :El Mensajero de los Postreros Días_(edición antigua) Organo Oficial de la Iglesia IEISCC, con permiso de su editor: Apostol Director de la Iglesia Evangélica Internacional Soldados de la Cruz de Cristo