¿CONSEJO O AMONESTACION?

El consejo se propone ordinariamente hacer el bien. La amonestación no atiende nunca sino a evitar un mal.
El consejo supone experiencia, madurez, cariño:  el hermano aconseja al hermano; el amigo, al amigo; el anciano, al joven. La amonestación lleva en sí la idea de superioridad: el padre amonesta a su hijo; el amo, al criado; el pastor, a los fieles.
El consejo es una regla de conducta. La amonestación es un aviso, casi un mandato.
Se da el consejo para que se siga. Se hace la amonestación para que se obedezca.
El que olvida un consejo saludable, es un ingrato o un necio. El que olvida una amonestación, es casi un rebelde.
El consejo tiene algo de amor.  La amonestación, algo de reprimenda.
Basta la autoridad para corregir con amonestaciones.
  ¡Cuánta prudencia, cuánta voluntad, cuánto heroísmo es necesario para dar un consejo!  Tener ciencia y virtud para aconsejar es seguramente una de las empresas más grandes y difíciles de la vida.

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