CON LOS BRAZOS ABIERTOS

¡Y tenías que morir con los brazos abiertos!  
abarcando la tierra,  
abarcando los mundos, 
abarcando los cielos.  
tú, que todo lo llenas, perspiraste  
de sed, de anhelo  
de cosas que tú mismo habías creado,  
Saliendo de lo eterno  
y clamando, rogaste que te dieran.
Tú que todo lo diste.  
Tú que fuiste tan bueno  
eliminando el hambre y la tristeza  
de todos los que te pidieron.  
Como aquel padre que perdió a su hija.  
como aquel centurión que amó a su siervo.  
como aquella mujer sirofenisa.  
como aquel ciego.  
Todos rogaron y tú les bendijiste...  
Y ahora te contemplo  
colgado de una cruz ennegrecida  
con los brazos abiertos.  
Me parece que das  
y parece que pides.  
Te entregas, todo, entero  
por los pecados de un mundo que te niega,  
que ignora lo que has hecho.  
Pero también realizo que demandas:  
¡Venid a mí!... con ruego...  
Tus brazos a lo ancho piden todo.  
Reclaman una entrega,  
un abrazo, un encerrarse eterno   
en tu seno de amor que abarca a todos   
como recubre el cielo  
las criaturas que aquí respiran, corren,  
gimen, lloran, trabajan...  
¡Todo cabe en tu seno   
que traspasó la lanza de la ciega   

humanidad que un día te colgara

de un áspero madero!
Tú, Señor, no te niegas.  
Nunca niegas  
un lugar en tu pecho.  
Lo sé cuando te miro en el Calvario   
con los brazos abiertos         

_J. Alonso Lockward