COMO UN GRANO DE SAL

¿Qué te ocurre Señor, que con tal premura
has llamado a mi puerta fuertemente?
¿Qué le pasa a tu voz, que ahogadamente
solicitas mi amor y mi dulzura?

¿Qué le angustia a tu ser, vital cordura,
para a un triste mortal, pobre demente,
su consuelo pedir humildemente,
el más grande Señor, de magna altura?.

No soy nada valioso, tu lo sabes,
solo un grano de sal, si tu me miras
ruborosa mi alma se deshace.

Ven a mí, abre ya, pasa, no hay llaves,
y moldea este arbusto sin mentiras
a tu imagen de amor, si así te place.