Canto al Señor

 

Señor, mi corazón agradecido

Te canta el himno de sus alegrías;

Quiero anunciar, cantando, las bondades

Que derramó tu amor sobre mis días.

 

Yo sé, Señor, que de las gracias todas

Tú eres la fuente eterna, inagotable,

De la que brota para los mortales

La prenda de tu amor inenarrable.

 

¿Por qué, mi alma, te llenas de congojas

Y estás de tus angustias oprimida?

No temas, abandona tus cuidados

En las manos del dueño de tu vida.

 

No olvidará el Divino Jardinero

Ni la más pequeña flor de su jardín.

Lo que hace Dios, lo que el Señor dispone

Sabe llevarlo a venturoso fin.

 

Deja, pues, gobernar la providencia

Y no murmures de su plan divino;

Será la paz tu herencia en esta vida,

Las bienaventuranzas tu destino.