CANCIÓN DE NAVIDAD

 

Nunca en la cuenta del tiempo  
llegó una noche más bella...  
Nunca un silencio más quedo...  
Nunca más clara la estrella  
titiló en su terciopelo.  
Jamás ni antes ni después  
un más armonioso canto  
hizo al alma estremecer  
con más dulce sobresalto,  
del Cielo a su descender:  
¡Gloria a Dios en las alturas,  
y al hombre, en la Tierra, paz...   
A las tristes criaturas,  
de Dios buena voluntad,  
en promesa de venturas...  
Nunca jamás pecadores  
en la Tierra de aflicción,  
cantaron cual los pastores  
betlemitas su canción,  
saludando a los amores  
del Dios de la Salvación.  

Estrellas, ángeles santos,
 

las sencillas criaturas,   
celebraron con sus cantos  
las divinales ternuras  

de un Dios en carne humanado.   
Fue la canción tan hermosa,  
que veinte siglos después,  
aún puede el alma, gozosa,  
su dulzura comprender  
para cantarla, dichosa.  
No importó el gemir amargo,  
Ni importó la duda impía,  
Ni el incrédulo letargo,  
Ni nuestra noche tan fría.  

El alma de los sencillos,  
los pobrísimos pastores,  
al curso de veinte siglos  
ha cantado los amores  
de aquel Infante nacido  
para vicarios dolores. .  

El tiempo que nunca para,  
que se viene, que se va...  

hoy de nuevo nos depara   
que podamos recordar  
a aquella noche tan clara.   
Hoy, de nuevo, nos invita  
en el Mundo de aflicción,  
en esta Tierra marchita,  
en la noche, la canción  
a cantar con alma y vida.   
Al titilar tembloroso  
de las gloriosas estrellas,  
al palpitar rumoroso  
de las páginas más bellas  
de un evangelio gozoso  
que es voz de la Buena Nueva,  
al canto del coro
santo,  
al cantar de los pastores,  
a las voces de los cantos  
de los salvos pecadores  
de veinte siglos Pasados,  
unamos, pues, nuestras voces,  
juntemos nuestra emoción, 

enlacemos los amores  

del gozoso corazón,  
en radiante adoración  
al Señor de los señores. 

Nunca una noche más bella,   
nunca un silencio más quedo, 
nunca más clara la estrella,  
y nunca, nunca, un anhelo  
de gratitud más sincera.  
gloria a Dios en las alturas,  

y al hombre, en la Tierra, paz!   
Cantad, todas, criaturas,  
celebrando las ternuras  
de la Suprema
Bondad... 

 

-Antonio Almudevar