145

Vino primero pura, 
vestida de inocencia; 
y la amé como un niño. 

 Luego se fue vistiendo 
de no sé qué ropajes; 
y la fui odiando sin saberlo. 

 Llegó a ser una reina 
fastuosa de tesoros... 
¡Qué iracundia de hiel y sin sentido! 

Mas se fue desnudando 
y yo le sonreía. 

Se quedó con la túnica 
de su inocencia antigua. 
Creí de nuevo en ella. 

Y se quitó la túnica 
y apareció desnuda toda. 
¡Oh pasión de mi vida, poesía 
desnuda, mía para siempre! 

 _Juan Ramón Jiménez